Del dicho al hecho

Como un niño malcriado y egoísta que se antoja de todo cuanto ve y forma un berrinche cuando le niegan sus caprichos, el gobierno quiere intervenir en todo, adueñarse de empresas y bienes, dominar en todas las esferas del país y de la vida de los ciudadanos.

Ni siquiera si este fuese un buen gobierno, podría justificarse semejante pretensión. Siendo tan ineficiente y destructivo, como ha demostrado ser, es de temer que al cabo de su periodo -constitucional- nada quede de lo poco que queda de país. Y en "país" hay que incluir sociedad, conciencia del pueblo, su verdadera historia, tradiciones y valores esenciales.

Venezuela se parece a una de esas familias, otrora encumbradas y respetables, venidas a menos por la holgazanería de sus miembros y el despilfarro irresponsable que hicieron de sus riquezas. Con la diferencia de que en las familias, el apellido, aunque sólo sea por el honor de sus antepasados, conserva cierta dignidad. Pero a Venezuela, no siendo bastante para este gobierno con provocar y determinar su ruina económica y social, hasta la gloria de sus héroes militares y de sus más ilustrados intelectuales ha distorsionado, haciéndola ridículamente exagerada para unos y mezquinamente ignorada para otros.

Desde luego, no puede esperarse nada distinto de quienes actúan en función de sus propios intereses, desconociendo los límites de sus atribuciones y utilizando el poder como un instrumento de legitimación de su arbitrariedad, a estas alturas, indisimulada.

Sin embargo, existiendo en el país un importante y, probablemente, mayoritario sector que se opone a las pretensiones intervencionistas del gobierno y a sus desventuradas decisiones, parece pertinente sugerir a los políticos de oficio que incluyan en sus campañas electorales la crítica focal -que no fecal- y seria de los dislates oficialistas, crítica que debería acompañarse de una alternativa realizable, capaz de satisfacer las expectativas de los ciudadanos. En otras palabras, criticar los problemas y ofrecer soluciones, siempre que el ofrecimiento no sea vana promesa de soluciones imposibles.

El gobierno impondrá a sus candidatos, según estén más o menos comprometidos con el jefe supremo y con la revolución, al margen, por supuesto, de cualquier otra consideración objetiva y racional. Su campaña se perfilará en la radicalización del proceso y el mismo estribillo de repetición del "vamos a…" (Durán, dixit) que conocemos desde hace casi una década.

Si ya se sabe todo cuanto hay que saber acerca de la incapacidad de este gobierno para manejar los asuntos del país, es la oportunidad ideal para que los aspirantes de oposición a los cargos de alcaldes y gobernadores desarrollen una campaña electoral exitosa, elaborando sus propuestas a partir de aquellos problemas puntuales que afectan a un determinado municipio o estado. Por ejemplo, en la ciudad de El Tigre, capital del Municipio Simón Rodríguez del estado Anzoátegui, uno de los problemas más graves es la falta de agua. Ni Hidrocaribe ni la Alcaldía resuelven el problema, de modo que los tigrenses deben pagar las facturas por un servicio que no reciben, mientras se ven obligados a comprar agua a los particulares que lo venden en camiones cisternas. En principio, debería tener más probabilidades de ganar aquel de los candidatos a la Alcaldía de Simón Rodríguez que propusiera una solución real a este problema, que otro candidato cuya campaña no incluya referencia alguna a ese asunto.

15 de abril de 2008
Del dicho al hecho Del dicho al hecho Reviewed by Liliana Fasciani M. on 19:01 Rating: 5

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